Biografia  
   
El abuelo Miguel nació en Armenia, en el vecino Colombia hace ya mucho tiempo. Sus padres fueron Hortensia Gutiérrez Montoya y Lucas Quiroga Triana sus hermanos; Teresa, Matilde y Vicente. A los 18 años conoció a Mercedes y junto a ella emprendió una vida llena de luchas y aventuras. Entre ellas
 
sus ocho hijos: Edelmira, Lucía, Saúl, Orfi, Alicia Rosalba, Alvaro y Carlos.

nGustaba de las cosas simples de la vida; un buen plato de mazamorra, una arepa con aguacate, o una tarde contándole cuentos a sus nietos que lo miraban atónitos, con ojos y bocas abiertas creyéndose hasta la última palabra.

Esos cuentos que hasta hoy llenan las reuniones familiares de sus desendientes, que ahora regados por el mundo lo recuerdan y veneran como a todo un patriarca.

Y es que el abuelo era toda una leyenda viviente.

Herrero de profesión, con sueños de minero, tendero, arriero, trabajador de los buenos y errante por necesidad, tenía muchas historias que contar.

Yo casi no lo conocí.

Siendo hija de uno de sus hijos menores, Álvaro, me tocó un abuelo ya muy viejito, pero del que igual guardo algunos lindos recuerdos.

Me cuentan que en uno de sus viajes al Ecuador, me enseñaba a matar moscas apunt?ndoles con una liga de caucho.

Me puedo imaginar al abuelo y a la niñita echados de barriga en el piso tratando de matar un bicho de esos tan esquivos.

De los que tuvieron la suerte de conocerlo mejor, sí que era un colombiano berraco, paisa, sin miedo a nada ni a nadie.

Buen conversador, con el dicho en la punta de la lengua, buen amigo, sensible, inteligente, aunque no muy bueno para los negocios.

Le gustaban los gallos, los caballos, los cigarrillos, los niñoos, la pesca.

Su amor era para su familia, y siempre estuvo pendiente de sus hijos, aunque algunos estuvieran lejos en otros países.

Conocí su casita en Cali.

Su último hogar.

Estaba frente a un tranquilo parque lleno de guaduales y niñoos jugando.

Nos sentabamos en el balcón a ver pasar la gente.

En ese mismo balcón desde el cual le regaló a un vagabundo los pantalones que tenía puestos.

Él ya no los necesitaba pensó, estaba muy enfermo y no saláa de la casa.

Se despidió de la vida un día de 1979 cogido de la mano de su amada.

Dejó un legado de amor, historias y orgullo en todos los que venimos del papá Miguel.

A él dedico este memorial, porque solo alguien muy especial puede perdurar en la mente de tantas personas, con tanto cariño, incluso traspasando las fronteras.

Un abrazo abuelito, de su compañeera de cacería de mosca

     

 

Bodas de Oro/1966
Bodas de Oro
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